Su severidad hizo de la casa un reducto de costumbres revenidas, en un pueblo convulsionado por la vulgaridad con que los forasteros despilfarraban sus fáciles fortunas.
La Iglesia es un reducto anclado en el pasado que prohíbe a las mujeres acceder a puestos de poder, ni siquiera pueden aspirar a ser curas, sacerdotes.