Algunos lo han perdido todo, otros no tienen lavadora, y la mayoría, muchos gastos que afrontar, que hacen un lujo el gesto de encender los radiadores.
Para matar la inquietud, decidí proseguir con mis proezas de lampista y partí a la búsqueda de radiadores que confirmasen que mi resurrección de la caldera había sido un éxito.
La caldera se enciende, produce calor, el calor se expande a todas las viviendas, se distribuye gracias a la red de conductos y llega finalmente a los radiadores.
O incluso, más aún, ese vecino que abría las ventanas porque no podía cerrar los radiadores, a lo mejor piensa que es mejor invertir en unas llaves nuevas.
En este reportaje de la televisión pública, la RAI, se explicaba hace unas semanas que los radiadores no podrán estar este otoño e invierno por encima de 21 grados.
En la parte mecánica se reducen mucho los elementos que pueden provocar problemas, porque reducimos radiadores, reducimos turbos, elementos que, bueno, cuantos mayores elementos, mayores problemas nos pueden dar.
Era poco después de la guerra y había estufas de terracota que lo ahumaban todo porque los radiadores habían sido destruidos durante la guerra y todavía no había habido tiempo para reponerlos.
Bueno, no existe solamente una respuesta porque claramente depende de muchos parámetros, como el aislamiento del edificio, el tipo de generación de calor o el tipo de radiadores que hay en la vivienda.