Los niños pequeños son especialmente vulnerables a las consecuencias adversas debido a su dependencia física y vinculación emocional con sus padres o tutores.
En particular, el artículo 18.3 reconoce que muchos padres son activos económicamente, a menudo en ocupaciones escasamente remuneradas, que combinan con sus responsabilidades parentales.
De esta forma, los padres (y otros cuidadores) son normalmente el conducto principal a través del cual los niños pequeños pueden realizar sus derechos.
Son agentes sociales activos, que buscan protección, cuidado y comprensión de los padres u otros cuidadores, a los que necesitan para su supervivencia, crecimiento y bienestar.
Los bebés recién nacidos pueden reconocer a sus padres (u otros cuidadores) muy poco después del nacimiento, y participan activamente en una comunicación no verbal.
Por desgracia, el agresor es, con demasiada frecuencia, un miembro de la familia que supuestamente debería cuidar y proteger a quien después resulta ser su víctima.
Reconocer estas interdependencias es un punto de partida adecuado para planificar la asistencia y servicios de los padres, representantes legales y otros cuidadores. Por ejemplo
En las mentes de las mujeres, la preservación de la familia y la crianza de los hijos son sus tareas prioritarias, ubicadas en una esfera de estricta privacidad.
Cuando el padre y la madre no pueden llegar a un acuerdo respecto del cuidado de los hijos luego del divorcio, la controversia se resuelve en los tribunales.
Los gobiernos, las comunidades y los individuos consideran que la familia es el medio principal para que las personas vivan juntas y se proporcionen atención, sustento y apoyo mutuos.
El proyecto de ley apunta a mejorar las condiciones en que se cría a los niños en la familia. El proyecto se halla actualmente en consideración en el Parlamento.